sábado, 26 de diciembre de 2015

María Antonia, bebé gaucho, tiene dos madres, un padre y seis abuelos. Nacida en Santa María, en septiembre del 2014, el juez Rafael Cunha autorizó su registro de nacimiento.
Sus padres son Fernanda, Marian y Luis Guillermo, que embarazó a una de las jóvenes y presumió de que apareciese su nombre en el certificado de nacimiento. El juez reconoció legalmente que María Antonia nació en un "hogar multicompuesto".
Desde que una resolución del Consejo Federal de Medicina, en el 2013, permitió la utilización de técnicas de fecundación "in vitro" por parte de parejas homoafectivas, creció en el Brasil el número de niños registrados a nombre de dos padres o dos madres.
El prejuicio todavía impide que muchos reconozcan lo obvio: el perfil de la familia ya no se restringe a la relación monogámica heterosexual.
Quien mejor percibe ese cambio es el papa Francisco, que, en lugar de hacerse el ciego, como los papas anteriores, ante el fenómeno de la posmodernidad, convocó un sínodo para debatir el tema. Precedido por una reunión extraordinaria en octubre del 2014, el Sínodo de la Familia tendrá lugar en Roma en octubre de este año.
En el cuestionario remitido a todas las diócesis del mundo el papa pregunta cómo ven los católicos a las parejas vueltas a casar, la homosexualidad y otros temas considerados polémicos al interior de la Iglesia. Francisco quiere oír a las bases, en un gesto inédito de democratización de la institución eclesial.
¿Es el fin de la familia? La familia es una estructura cultural, no natural. Tal como la conocemos hoy, existe hace apenas medio milenio. Además, hoy se multiplican las familias monoparentales, cuyo "jefe" es la madre. En las comunidades indígenas la calidad de protección y de afecto a los niños nos debiera hacer enrojecer de vergüenza a todos nosotros, los "civilizados".
Para quien, como yo, fue educado en el catolicismo a la luz de estampas de la Sagrada Familia, no es fácil aceptar los nuevos perfiles de las relaciones afectivas. Sin embargo, al abrir el Evangelio nos encontramos con algo distinto del modelo devocional: el joven Jesús que se zafa del cuidado de sus padres y abandona la caravana de peregrinos; el predicador ambulante que no merece la credibilidad de sus hermanos (Jn 7,5) y su familia le toma por "loco" (Mc 3,21-31); el hijo que parece rechazar a su propia familia ("¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?" Mt 12,48).
Cuando a Jesús le gritaron aquello de "Feliz el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron", él no lo desmintió pero señaló la diferencia: "Felices más bien los que oyen la palabra de Dios y la cumplen" (Lc 11,27-28).
Jesús enfatizó que no son los lazos de sangre los que más acercan a las personas, sino un proyecto común que asumen juntas.
Los proyectos alternativos crean conflictos. Jesús llegó a hablar de "odiar" a la propia familia (Lc 14,26). El verbo griego miseo (odiar) puede ser traducido por "amar menos": "Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a mí antes que a su padre y a su madre..."
Ante el modelo de la familia-gueto centrada en el ombligo de sus miembros y de espaldas a extraños y necesitados, Jesús propone un modelo de familia abierta, centrada en el afecto, en la gratuidad y en la apertura al prójimo.
La familia del siglo 21 ya no será solamente la que posee en común características biológicas, sino la que el amor aproxima y une a las personas comprometidas con un proyecto común de vida, que establece entre ellas profundas relaciones de intimidad y reciprocidad.
Y hay que recordar que, en su reciente visita a Asia, el papa Francisco pidió a los fieles católicos que eviten "ser como los conejos", procreando irresponsablemente. ¿Una señal de que los métodos contraceptivos, como el uso del preservativo, serán aceptados finalmente por la Iglesia Católica?
****
Frei Betto es escritor, autor de "Reinventar la vida", entre otros libros.
www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.

viernes, 25 de diciembre de 2015

"Fernando Silva dirige el hospital de niños en Managua.
En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar.
Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo queda en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón; se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. En la penumbra lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.
Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:
-Decile a… -susurró el niño- decile a alguien, que yo estoy aquí." 

Eduardo Galeano

jueves, 24 de diciembre de 2015

martes, 22 de diciembre de 2015

PALABRAS DE ANGELELLI

 “Dios no quiere hombres resignados” Extractado de entrevista a Enrique Angelelli en Revista Crisis Nº 13 (1974) Los hombres de las grandes ciudades, de la sociedad de consumo, que todo lo manejamos por botones y definiciones perfectas y envasadas, somos nada más que piezas de un gran engranaje. Somos una gran sociedad anónima porque no nos distinguimos ni nos consideramos y parecería ser ley aquello de: el hombre es lobo para el hombre y no su hermano. Y en esa sociedad aparece un tipo de hombre que vive medio sofisticado, no tiene paz y huye de sí mismo; le ha perdido el rumbo y el sentido a la vida. Corre todo el día, necesita velocidad, ruido, confort; necesita tocar botones de distintas clases. ¿Por qué? Porque no se soporta a sí mismo. Y está este otro hombre, el riojano, cuya característica es el silencio. Habla poco y mastica mucho. Es el hombre que está rumiando las cosas, que tiene toda la riqueza de la humanidad. No tiene dinero, por eso está marginado. No tiene voz para opinar sobre las soluciones a los problemas de hoy; lo hemos marginado. Es el hombre sin voz. El dice: lo que no me van a quitar es que yo siga guardando, alimentando, enriqueciendo eso que Dios me ha dado: la humanidad. Aquí se encuentra el hombre latinoamericano, que no se encuentra en Buenos Aires, en Mendoza, en Córdoba, en Rosario. En la ciudad hay demasiado ruido y no se puede encontrar el sentido a la vida. Allí las cosas son más importantes que las personas; en cambio aquí las personas son más importantes que las cosas. Al hombre de pueblo tampoco hay que idealizarlo creyendo que es perfecto. Es como nosotros, débil como la caña. Es frágil. Pero se aplica aquello de la Biblia: “Dios es celoso de su pueblo”.
Dios cuida lo frágil para que pueda guardarse como el núcleo de aquello que va a ser principio de ida, de liberación, de felicidad para todo el pueblo. Dios elige al pobre como respuesta al hombre orgulloso que se ha endiosado y ha hecho de la técnica y de su yo los dioses que lo guían. Entonces, ¿cuál es la gran misión de la Iglesia? Hacerse cada vez más este pueblo frágil y al mismo tiempo darle aquello que Dios ha entregado a la Iglesia para que ella lleve a los hombres. Hacer que la fe madure, que la esperanza madure, que la caridad madure, pero no aisladas de la vida, no para ser vividas dentro de un templo, sino para que ayuden al hombre a ir haciendo su historia; para dar una dimensión trascendente y un sentido a las cosas. ¿Dios qué hace? Se abaja de tal manera que al encarnarse toma la condición de marginado, toma la condición del hombre, hasta donde fue llevado por el egoísmo; la del pobre, el marginado, el sin voz. Porque allí va a nacer todo el proceso para que el hombre logre su felicidad. Y la Iglesia tiene que comprometerse. Ella no es para determinados hombres porque se llamen pobres y a los demás se los excluye, pero hay que recurrir a ver la óptica de Dios, el plan de Dios y los gestos de Dios. El hombre al que llamamos rico económicamente, rico en poder y en influencias, no tiene paz, huye de sí mismo y ha perdido el sentido de la vida. No le hago un juicio moral, no digo: pecó, no pecó. Eso es otra cosa. Pero su condición hace que otros hombres no vivan como hermanos sino como cosas. […] es necesario responder con la gran respuesta del Padre y con la gran respuesta de Cristo a todos los problemas de todos los hombres de La Rioja. Fuimos a ver el hombre concreto de hoy y su historia y tradición. Y el hombre concreto de hoy es el que no tiene casa y entonces quiere emigrar, es el que padece de Chagas, el que no le alcanzan los pesos para vivir y el que no tiene más trabajo que el empleo público. Es el hombre que no tiene tierra por la estructura del minifundio y el maxifundio, el que ve que la poca agua está mal administrada y mal repartida. Es el chico que tiene que ir a clase haciendo kilómetros en burro, o el que no da más porque tiene hambre. Es el porcentaje alarmante de mortalidad infantil y de problemas de salud. Es el hombre concreto y yo no le puedo ir a predicar la resignación. Dios no quiere hombres resignados.