María Antonia, bebé gaucho, tiene dos madres, un padre y seis abuelos. Nacida en Santa María, en septiembre del 2014, el juez Rafael Cunha autorizó su registro de nacimiento.
Sus padres son Fernanda, Marian y Luis Guillermo, que embarazó a una de las jóvenes y presumió de que apareciese su nombre en el certificado de nacimiento. El juez reconoció legalmente que María Antonia nació en un "hogar multicompuesto".
Desde que una resolución del Consejo Federal de Medicina, en el 2013, permitió la utilización de técnicas de fecundación "in vitro" por parte de parejas homoafectivas, creció en el Brasil el número de niños registrados a nombre de dos padres o dos madres.
El prejuicio todavía impide que muchos reconozcan lo obvio: el perfil de la familia ya no se restringe a la relación monogámica heterosexual.
Quien mejor percibe ese cambio es el papa Francisco, que, en lugar de hacerse el ciego, como los papas anteriores, ante el fenómeno de la posmodernidad, convocó un sínodo para debatir el tema. Precedido por una reunión extraordinaria en octubre del 2014, el Sínodo de la Familia tendrá lugar en Roma en octubre de este año.
En el cuestionario remitido a todas las diócesis del mundo el papa pregunta cómo ven los católicos a las parejas vueltas a casar, la homosexualidad y otros temas considerados polémicos al interior de la Iglesia. Francisco quiere oír a las bases, en un gesto inédito de democratización de la institución eclesial.
¿Es el fin de la familia? La familia es una estructura cultural, no natural. Tal como la conocemos hoy, existe hace apenas medio milenio. Además, hoy se multiplican las familias monoparentales, cuyo "jefe" es la madre. En las comunidades indígenas la calidad de protección y de afecto a los niños nos debiera hacer enrojecer de vergüenza a todos nosotros, los "civilizados".
Para quien, como yo, fue educado en el catolicismo a la luz de estampas de la Sagrada Familia, no es fácil aceptar los nuevos perfiles de las relaciones afectivas. Sin embargo, al abrir el Evangelio nos encontramos con algo distinto del modelo devocional: el joven Jesús que se zafa del cuidado de sus padres y abandona la caravana de peregrinos; el predicador ambulante que no merece la credibilidad de sus hermanos (Jn 7,5) y su familia le toma por "loco" (Mc 3,21-31); el hijo que parece rechazar a su propia familia ("¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?" Mt 12,48).
Cuando a Jesús le gritaron aquello de "Feliz el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron", él no lo desmintió pero señaló la diferencia: "Felices más bien los que oyen la palabra de Dios y la cumplen" (Lc 11,27-28).
Jesús enfatizó que no son los lazos de sangre los que más acercan a las personas, sino un proyecto común que asumen juntas.
Los proyectos alternativos crean conflictos. Jesús llegó a hablar de "odiar" a la propia familia (Lc 14,26). El verbo griego miseo (odiar) puede ser traducido por "amar menos": "Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a mí antes que a su padre y a su madre..."
Ante el modelo de la familia-gueto centrada en el ombligo de sus miembros y de espaldas a extraños y necesitados, Jesús propone un modelo de familia abierta, centrada en el afecto, en la gratuidad y en la apertura al prójimo.
La familia del siglo 21 ya no será solamente la que posee en común características biológicas, sino la que el amor aproxima y une a las personas comprometidas con un proyecto común de vida, que establece entre ellas profundas relaciones de intimidad y reciprocidad.
Y hay que recordar que, en su reciente visita a Asia, el papa Francisco pidió a los fieles católicos que eviten "ser como los conejos", procreando irresponsablemente. ¿Una señal de que los métodos contraceptivos, como el uso del preservativo, serán aceptados finalmente por la Iglesia Católica?
****
Frei Betto es escritor, autor de "Reinventar la vida", entre otros libros.
www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.