domingo, 18 de diciembre de 2016

Feliz Navidad a todos... los q están cerca, los q están lejos, los q estando cerca están lejos, los q estando tan lejos están tan cerca, los q están cerca y su corazòn está siempre dispuesto al encuentro, al perdòn, a construir positivamente. Feliz Navidad a aquellos q sin creer hacen q Jesùs siga naciendo en sus acciones diarias en favor de los demás. Feliz Navidad a los q desde las comunidades siempre ponen lo mejor de ellos para q Jesùs estè naciendo siempre. Feliz Navidad  tambièn para los q matan el espìritu navideño reduciendo estos dias a pura superficialidad. Feliz Navidad para los q estos dìas se convierten en dolor por el recuerdo de tantos seres queridos q no están fìsicamente. Feliz Navidad para los q hacen de estos dias una ocasiòn privilegiada para  renovar esperanzas, y ante todo la Esperanza.
Luis García Rodríguez
Párroco  de La Catedral de  Viedma

martes, 23 de agosto de 2016

ARGENTINA-
Por Maximiliano A. Heusser para ALC Noticias-
En el día de ayer, 10 de Agosto, se realizó en las instalaciones de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC), la Conferencia del teólogo brasileño Leonardo Boff  titulada “Democracias Latinoamericanas y proyectos populares”, organizada por el Centro Tiempo Latinoamericano, de la misma ciudad.
El teólogo y ex sacerdote franciscano comenzó su exposición afirmando que los teólogos de la liberación están a favor de los pobres y en contra de la pobreza. Tienen un pie en el Evangelio y otro en el barro, en la realidad de la gente pobre. Esta característica diferencia a la teología de la liberación de otras teologías. La teología de la Liberación trabaja desde la realidad, utilizando las herramientas de la sociología, de la antropología y otras ciencias.
En este sentido, llamó a tener memoria y a recordar a aquellas personas que a lo largo de los años han evidenciado las mentiras del sistema. Sostuvo que cuando “una iglesia tiene mártires es porque allí hay verdad y allí está el Espíritu Santo”. Cuando se denuncian las injusticias, allí también está el Espíritu Santo.
El teólogo reflexionó sobre la actualidad Latinoamericana. Sostuvo que “vivimos en un contexto conflictivo y en crisis. Vemos que el sistema de los últimos tres siglos no funciona”. De la misma manera, advirtió que las recetas capitalistas y neoliberales no sólo han fracasado en nuestros países y en los países del norte, sino que van contra la gente pobre. Sostuvo que los ajustes económicos, la eliminación de derechos, la flexibilización laboral, y medidas similares, dañan especialmente a los sectores empobrecidos de las sociedades. Sostuvo “estamos en un vuelo ciego, no sabemos hacia dónde va la humanidad”.
Boff se refirió también al rol de los cristianos y cristianas en estos procesos y crisis sistémicas, planteando la necesidad de pasar de un cristianismo de devoción a un cristianismo comprometido, consolando a quienes sufren, denunciado las injusticias y dando esperanza a quienes la han perdido. Hay que superar, advirtió, el mucho fariseísmo presente en los cristianos.
También planteó tres aspectos que deben tenerse en cuenta para comprender la realidad de los pueblos latinoamericanos. Si bien, afirmó, están pensados desde el Brasil, pueden aplicarse a otros países de la región:
  1. Somos países colonizados: Hemos sido explotados por potencias extranjeras. Esto ha traído la conformación de élites ricas en cada país de América Latina. La colonización produce problemas, porque los países terminan mirándose a sí mismos desde afuera, del extranjero, y no desde la realidad del pueblo. Hay una enajenación.
  2. La esclavitud: Brasil es uno de los países con mayor población negra del mundo, fuera de África. El esclavo es una pieza, una cosa. Este pensamiento deja marcas profundas de humillación en estos sectores del pueblo. En Brasil mueren cerca de 60.000 personas por año en manos de las fuerzas de seguridad, todos pobres, en su mayoría negros y mujeres.
  3. La gran transformación: Hemos pasado de una economía de mercado a una sociedad de mercado. Todo se ha transformado en una mercancía. El amor, la amistad, un bello paisaje… todo. Las personas, en esta sociedad, tienen un valor económico. Han perdido su dignidad humana. Siempre hubo intercambio de mercancías, pero ahora hay competencia. En este sentido, Boff advirtió que se está llegando al máximo de la explotación como sistema, ya que se especula con la moneda, es una moneda virtual. Es un escenario triste que incide sobre la sociedad, donde se fomenta una sociedad para pocos y no para todos.
Acercándose al final de su exposición, el teólogo se refirió al cuidado del planeta como “Madre Tierra”, trayendo a la memoria el decir de los pueblos indígenas que hablan de “las bondades de la tierra”, lo que el capitalismo nomina “recursos” y los académicos llamamos, dijo, bienes y servicios de la tierra. Llamó a advertir que no son renovables, sino que se agotan, y lo que hay no va a alcanzar para toda la humanidad. Esto puede traer una crisis humanitaria enorme. Debemos cambiar, mencionó, la manera en la que nos relacionamos con la tierra, porque es un ser que sufre y que necesita ser salvado.
El teólogo brasileño terminó refiriéndose a las democracias participativas, las cuales consideró las mejores, denunciando los ataques de las élites de poder económico sobre las mismas. Esto sucedió, según su punto de vista, en Honduras, Paraguay y Brasil. De esta manera, consideró el impachment contra Dilma Rousseff, la reacción de la derecha rica en contra de la democracia participativa que se ha ocupado de los sectores empobrecidos del Brasil. También sostuvo que considera que en la Argentina sucede lo mismo, pero con un gobierno elegido democráticamente

domingo, 8 de mayo de 2016

PREVIVIENDO PENTECOSTES CON UNA HOMILIA DE MONS. ROMERO

El primero es éste: La Iglesia es un fenómeno de la apertura humana frente a la fuerza divina.
Y aquí estoy contestando a muchos hombres que creen que hoy la oración ya pasó de moda, muchos que ya no oran, muchos que creen encontrar la solución de los problemas de la tierra sin elevarse a Dios. La Iglesia- dice el Concilio- tiene como misión principal una misión religiosa: abrirse a Dios, unir los hombres con Dios. De allí derivarán todas sus grandes consecuencias humanas, como lo vamos a ver. Pero yo quiero que afiancemos esta idea, hermanos. Hoy hay mucho materialismo. En el mensaje último de los obispos denunciábamos dos espantosos materialismos: el materialismo ateo de los marxistas y también el materialismo egoísta del capital liberal. Los dos son materialismos; por eso ninguno se entiende con la Iglesia, porque la Iglesia es espiritualista, es elevación hacia Dios, es trascendencia, es decirle al hombre: "Tú tienes una gran capacidad, lo más hermoso de tu vocación humana es hablar con Dios, entablar diálogo con tu Creador". ¡Esto es bello, hermanos! Y Pentecostés lo pone de manifiesto: Un Dios que se abre campo entre los hombres para darles su vida, su verdad, su esencia.
Acaba de decirlo San Pablo: "Nadie puede decir: Jesús es Señor, sino bajo la inspiración del Espíritu Santo". ¡Mediten esta frase! Con los labios lo podemos decir: "Jesús es Señor"; pero sentir, profundizar todo que eso quiere decir, sólo si Dios me permite el acceso a platicar con Él, sólo si siento la capacidad de orar. El hombre que no ora, no ha desarrollado toda su fuerza humana; el hombre que no ora, porque cree que Dios no existe, está mutilado; el hombre que no ora, porque está de rodillas ante su materialismo -llámese dinero, política, otra cosa- no ha comprendido la verdadera grandeza de su ser humano.
Orar es comprender que este misterio que soy yo, hombre, tiene unos límites y que entonces comienzan las esencias infinitas de aquel con quien puedo dialogar. Si estuviera en mis manos hacer un amigo a mi gusto al cual yo le pudiera transmitir todo mi pensamiento, toda mi libertad, todo lo que yo soy para poder entablar con él un diálogo; de mis manos brotaría una criatura que al mismo tiempo la hago mi interlocutor. Pero esto es imposible, entre los hombres es imposible; pero para Dios, que ha hecho el cielo y la tierra, hay también la capacidad de crear un interlocutor, de hacer un ser al que lo ha constituido príncipe de la creación, para que interprete la belleza de los soles y de las estrellas, para que interprete la alegría de la vida, para que sienta la angustia de su pequeñez y hable con él que lo puede socorrer, con el autor de las cosas. Esto es orar, la capacidad del hombre para comprender que ha sido hecho por alguien poderoso, pero que lo ha elevado para ser su interlocutor, platicar con él.
Esto es Pentecostés, esto es la Iglesia: llevar a los hombres este mensaje. Por eso la Iglesia predica ante todo su misión religiosa; enseña a orar. Se aflige cuando sus hijos no rezan: La oración, que tanto hemos estado inculcando. Esta es, hermanos, nuestra Iglesia, el alma de nuestra Iglesia. El Espíritu Santo no es otra cosa que aquel Dios que se pone en comunicación con nosotros y que nos invita a que usemos nuestra libertad, nuestra inteligencia, para abrirla al absoluto y entrar en diálogo con el que me ha creado, me ha hecho capaz de hacerme su hijo, me espera en su cielo, me consuela en la tierra, me lleva por caminos dignos de un hijo de Dios. 

lunes, 14 de marzo de 2016

http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2016/03/14/la-indiferencia-mata-y-el-olvido-remata-religion-iglesia-yemen-monjas-asesinato.shtml#.Vub1r2ZIpsA.facebook

jueves, 11 de febrero de 2016

Muy movilizadora, en lo personal, la reunión de ayer.
Creo que cada uno tiene un sinfín de dudas  y ayer nos animamos a ir más profundo en temas  " de los que no se puede o debe hablar" y ponerlas en común sin temores, como camino de fe.

Continuemos así
Fernando

lunes, 8 de febrero de 2016

qué es Orar

 
 
Orar es entrar en sintonía con Dios. Hay muchas maneras de hacerlo, y no se puede decir que ésta es mejor que aquélla.
 
Hay oraciones individuales y comunitarias, basadas en fórmulas hechas y espontáneas, cantadas y recitadas. Los salmos, por ejemplo, son oraciones poéticas, de las que casi un centenar expresan lamentación y/o denuncia y otras cincuenta, alabanza.
 
No hay que caer en el fariseísmo de creer que mi oración es mejor que la de los otros, como el caso de aquel fariseo frente al publicano (Lucas 18,9-14).
 
Los occidentales tenemos dificultad para orar debido a nuestro racionalismo. En general, quedamos en el umbral de la puerta, entregados a la oración que se apoya en los sentidos (música, danza, mirar vitrales o paisajes, etc.) o en la razón (fórmulas, lecturas, reflexiones, etc.).
 
Orar es estar en relación de amor. Como sucede en una pareja, hay niveles de profundización entre el fiel y Dios. Jesús sugirió no multiplicar las palabras. Dios conoce nuestros anhelos y necesidades.
 
Unos oran como si Dios fuera sordo y distraído. Otros se parecen a esa tía que llama y habla tanto, tanto, que mi madre suelta el teléfono, sirve la comida y regresa, sin que su ausencia haya sido percibida.
 
El mismo Jesús, según cuenta el evangelio, prefería retirarse a lugares solitarios para entrar en oración. “Jesús se retiró a la montaña para orar. Y pasó toda la noche en oración a Dios” (Lucas 6,12).
 
En la oración es necesario entregarse a Dios. Dejar que él ore en nosotros. Si tenemos resistencia a la oración es porque muchas veces tememos las exigencias de conversión que ella encierra.
 
Ponerse ante Dios es ponerse ante uno mismo. Como en un espejo, al orar vemos nuestro verdadero perfil -las dobleces del egoísmo realzadas, congojas acumuladas, envidia enraizada, apegos anquilosados… De ahí la tendencia a no orar o a hacer oraciones que no lleguen a mostrar el reverso de nuestra subjetividad.
 
Los místicos, maestros de oración, sugieren que aprendamos a meditar. Vaciar la mente de todas las fantasías e ideas, y dejar fluir el soplo del Espíritu en el silencio del corazón. Es un ejercicio cuyo método enseña la literatura mística.
 
Pero es necesario, como Jesús, reservar tiempo para ello. Así como la relación de una pareja se enfría si no hay momentos de intimidad, del mismo modo la fe se debilita si no nos recogemos en oración.
 
Oramos para aprender a amar como Jesús amaba. Sólo la fuerza del Espíritu ensancha el corazón. Por lo tanto, una vida de oración obtiene garantía no por los momentos que nos entregamos a ella, sino por los frutos en la vida cotidiana: los valores reseñados como bienaventu-ranzas en el sermón del monte (Mateo 5,1-12). O sea, pureza de corazón, desprendimiento, hambre de justicia, compasión, fortaleza en las persecuciones, etc.
 
Quien ora trata de actuar como Jesús actuaría. Sin temer los conflictos derivados de actitudes que contradicen los antivalores de la sociedad consumista e individualista en que vivimos.
 
Orar es dejarse amar por Dios. Es dejar que el silencio de Dios resuene en nuestro espíritu. Es permitirle que él haga su morada en nosotros.
 
Orar es cuestionarse a sí mismo. Centrado en Dios, el orante se descentra de los otros, e imprime a su vida la felicidad de amar porque se sabe amado.
 
Parafraseando a Job, antes de orar se conoce a Dios por “oírle hablar”, después, por experimentarlo. Eso llevó a Jung a exclamar: “Yo no creo. Yo soy”.

 

Frei Betto

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2016: Pistas para su lectura



Periodista Digital


Adital
El pasado 26 de Enero se dio a conocer a toda la Iglesia el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma del Año Jubilar. En el documento titulado "’Misericordia quiero y no sacrifício’ (Mt 9,13): Las obras de misericordia en el camino jubilar”,Francisco estructura su propuesta de itinerario cuaresmal en consonancia a la Misericordia, experiencia personal y eclesial a la que estamos invitados durante este 2016.
 

El propósito de ésta columna es proponer algunas pistas de lectura de este mensaje de manera, esto a modo de pre-texto, es decir, como el inicio de un proceso de reflexión en torno a la palabra del Papa latinoamericano. El mensaje de Cuaresma se divide en tres apartados:
1) María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada;
2) La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia;
3) Las obras de la misericordia.
Importancia de una "teología de la escucha”
En el mensaje de Cuaresma encontramos que Francisco le otorga a la actitud de la escucha un lugar de importancia. Así el Papa presenta los conceptos de: escucha, escuchar y escuchen. Son siete menciones en total: "escuchar la Palabra de Dios”, "primacía de la escucha orante de la Palabra sobre todo de la palabra profética”, "escucha perfecta de Dios”, "escuchar de distintas maneras el primer anuncio”, "la escucha como forma de evitar la alienación existencial”, la mención del texto de Lázaro y el rico y el pasaje de Lucas "tienen a Moisés y los profetas: que los escuchen” (Lc 16,29) y finalmente "la escucha activa” como actitud pascual y escatológica.
Para el pensamiento y la reflexión bíblica, la intervención de Dios en la historia, la revelación, acontece como un proceso de escucha de su Palabra y de la respuesta a ella mediante la fe como don de la gracia. Entre estas experiencias de escucha se ubica la del profeta, del hombre y la mujer que está llenos del Espíritu de Dios, que anuncian la Palabra de Dios y denuncian todo aquello que va contra esa palabra liberadora, especialmente los abusos cometidos contra los huérfanos, los extranjeros o las viudas.
El profeta y su experiencia tiene un lugar de importancia en el mensaje cuaresmal. Para comprender un poco más la teología de la escucha desde la misión profética, leeremos un texto de Isaías correspondiente al Tercer Canto del Siervo de Yahvé:
"El Señor Dios me ha dado lengua de discípulo, para que Yo sepa sostener con una palabra al fatigado. Mañana tras mañana me despierta, despierta mi oído para escuchar como los discípulos” (Is 50,4)
La figura del profeta, emisario de Dios en medio del pueblo, representa el verdadero prototipo de servicio. Servicio que se basa en dos acciones fundamentales. La primera es la capacidad profética de "sostener con la palabra al fatigado”.
Para poder confortar, el verdadero discípulo debe saber lo que es el dolor.Nuestra sociedad ha impuesto un rechazo generalizado al tema del sufrimiento. Se pasa por alto, se evita. Pero en cambio, el que quiere ser "siervo”, debe someterse, abajarse, salir de su metro cuadrado y compartir la suerte de las masas sufrientes.
La segunda actitud, y la que nos interesa, es la acción de Dios a favor de que su siervo preste oído a sus palabras. Desde el momento en que Dios nos interpela, debemos establecer una capacidad de sano discernimiento. El "oído despierto”, denota un claro signo de fidelidad. Es poner nuestra atención en la revelación, en el signo que estamos presenciando. Quizás será sutil o velado, pero aun así debemos tener la voluntad de prestar nuestra obediencia al plan de liberación y de praxis de la buena nueva fundada en la misericordia.
La sociedad actual nos va colocando en la contrapartida de la escucha. Permanecemos sordos ante la voz del Dios actuante, y no asociamos nuestra vida a su vida. Es la actitud que debemos mejorar y que Francisco la denuncia cuando habla de los totalitarismos de este siglo fundados en "las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar” (parágrafo 3). También se manifiestan en las esperanzas puestas en los "falsos modelos de desarrollo, en la idolatría del dinero que nos hace no mirar y reconocer a los pobres y volvernos indiferentes a su destino” (parágrafo 3).
Dimensión femenino-maternal y mariológica de la Misericordia
Un elemento interesante en el mensaje cuaresmal es la dimensión femenino-maternal que la Misericordia posee y que Francisco la recuerda. Junto a dicha dimensión podemos identificar el sentido mariológico/mariano de la experiencia de la Misericordia. El Papa llega a hablar de un amor visceral. ¿A qué está haciendo referencia?
En la literatura bíblica existe un concepto que es el rahamin, que significa misericordia, la cual "se expresa en hebreo con la raíz raHam, que evoca el seno materno, reHem, y por consiguiente el movimiento interior y las emociones que siente la mujer. Así, pues, el término es imaginario y recuerda el amor y el afecto que la mujer puede sentir por su hijo” (Prevóst, 1992).
No deja de ser interesante que el autor bíblico le aplique características femenino-maternales a Dios. Con esto viene a romperse un imaginario de la masculinidad que se le había aplicado a Dios. Dicho imaginario tendía más a características de venganza, de ira o lucha. En cambio la aplicación del rahamin le asigna a Dios la ternura, la caridad, el amor visceral del que habla Francisco inspirado por las fuentes bíblicas.
Es el amor y la misericordia que, como dice el Papa en Misericordiae Vultus, "proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón” (MV 6).
Desde nuestras vísceras, desde lo más profundo de nuestro ser creyentes y no creyentes hemos de provocar una corriente de misericordia. Es necesario continuar engendrando la experiencia misericordiosa, el acercamiento a los que viven sin misericordia.
Así fue la actitud de Dios, del que se presentó a Moisés como Yahvé (Cf. Ex 3,14), es decir del que estaría-con-el-pueblo. Su presencia, su rostro "hace de la historia de Dios con su pueblo una historia de salvación” (MV 7).
Con esto, la misericordia es también la entrada que el Pueblo tiene al Misterio absoluto del Dios misericordioso. Es el trato amoroso hecho Alianza, herencia y promesa, conceptos articuladores de la experiencia de fe de Israel y de la Iglesia.
Alianza como historia e historia como alianza
En dos ocasiones Francisco habla de la "alianza” y del "pacto”. La historia es creación de Dios al comienzo de todo. La tradición judeocristiana confiesa a un Dios que proyecta una historia de carácter lineal, positiva y dinámica, una historia que tiene un comienzo (la Creación), un desarrollo salvífico y un término (lo escatológico, la vida eterna).
Esta historia hemos de reconocerla como "lugar teológico”, es decir como espacio en el cual Dios actúa revelándose como misericordia y como lugar donde el creyente practica la escucha.
Pero, si indagamos en la reflexión teológica de Israel antes de realizar una reflexión sobre la historia o la creación, el pueblo comprendió primero que con él Yahvé había pactado una Alianza. Así, el pacto o la alianza constituyen el primer concepto teológico propiamente tal pensado por Israel. Pero esta Alianza puede llegar a romperse a causa de la infidelidad del hombre a causa de su pecado, de "querer ser como Dios” como lo recuerda Francisco retrotrayendo el texto del Génesis.
Pero a pesar del pecado, Dios se manifiesta como rico en misericordia e invita nuevamente a la persona a vivir en alianza de amor con Él. A esto Francisco lo llama "el drama de amor”.
Creemos que esto es leído por el Papa desde la reflexión teológica del suizo Hans Urs Von Balthasar (1905-1988), quien proyecto su teología bajo el concepto de "Teodramática”. En ella habla de "las personas del drama” y cómo la relación del Dios Trinidad con el hombre y sobre todo de Jesucristo se puede interpretar como un drama, como amor y ruptura del mismo, pero ante el cual la acción misericordiosa se Dios terminará prevaleciendo.
En Jesucristo, en quien Francisco reconoce a "la misericordia encarnada” y nos recuerda que es un verdadero hijo de Israel a la vez que Esposo de la Iglesia, podemos reconocer como la Alianza o el pacto tiene pleno y perfecto cumplimiento. Esta acción de Dios en la historia es comunicada primero por Jesucristo y luego por el kerigma (primer anuncio) apostólico. La Alianza de Jesús con la Iglesia y en ella con todo el mundo, tiene como centro y concreción cotidiana la misericordia y sus obras, tanto corporales y espirituales.
Obras de la misericordia y el pecado social
El mensaje de cuaresma del Papa tiene como motivo central las obras de misericordia, corporales y espirituales. Ellas, nos recuerda Francisco, nos permiten comprender que la fe se debe traducir en gestos concretos y cotidianos, en ayudar al prójimo.
Para ello, el Papa propone cuatro verbos en referencia al otro, especialmente al que sufre: "nutrirlo, visitarlo, consolarlo, educarlo”. Estos verbos son extraídos por Francisco desde el discurso escatológico de Mateo 25,35-40 en donde Jesús se identifica con los pobres. Ellos son los privilegiados de la misericordia divina, ya que en ellos podemos ver al Cristo que está "martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga”, nos dice Francisco en el mensaje. Ello iluminado por otros tres verbos "reconocer, tocar, asistir”.
Con la presencia de estos siete verbos, podemos llegar a sostener que la misericordia, lejos de ser una mera teoría o una teología, un discurso estereotipado o bien estructurado, debe convertirse en una acción cotidiana, en una virtud de todos los cristianos y de aquellos no creyentes que actúan movidos por la buena voluntad.
Las obras de la misericordia nos permiten acercarnos corporalmente al que sufre, al que es dañado por las "formas actuales del delirio de omnipotencia” en palabras del Papa. Francisco denuncia abiertamente las formas sociales y políticas de los totalitarismos del siglo XX, la ideología del pensamiento único y de la tecnociencia que buscan hacer de Dios alguien irrelevante, lo que provocaría que el hombre quede reducido a una "masa que se usa”. Existe, por tanto, la conciencia de que las estructuras son afectadas por el llamado pecado social, en donde se nos impide reconocer al que sufre y en donde la única ley es valorar lo propio, no lo ajeno menos lo distinto.
Para concluir: Una Cuaresma que es Jubilar
El Papa Francisco en dos ocasiones sostiene que la Cuaresma es "tiempo de gracia para vencer la alienación existencial” y que es "tiempo favorable para la conversión”. Ambos conceptos del "tiempo” están en directa consonancia con la experiencia del Jubileo, del Año Santo, del tiempo de gracia, del kairós-tiempo oportuno. Esta Cuaresma que es Jubilar ha de estar fundada en la escucha de la Palabra de Dios y en la vivencia de las obras de la misericordia.
La persona humana, naturalmente sedienta de amor y felicidad, puede reconocer en el Dios revelado en la historia, en el Dios de la Alianza, la fuente inagotable de amor y de misericordia que, como dice el Papa, nos permite vencer el infierno entendido como abismo de soledad. Al reconocernos necesitados de la gracia, al confesar nuestra pequeñez y nuestro ser servidores, estaremos experimentado la alegría de la conversión y la conversión a la alegría escatológica, a esa alegría que nos prepara la Cuaresma de manera de llegar renovados a la celebración de los Misterios Pascuales.

martes, 26 de enero de 2016

Puedes tener defectos,estar ansioso y vivir irritado algunas veces,pero no te olvides que tu vida es la mayor empresa del mundo.sólo tu puedes evitar que ella vaya en decadencia.Hay muchos que te aprecian,admiran y te quieren. Me gustaría que recordaras que ser feliz no es tener un cielo sin tempestades,camino sin accidentes,trabajo sin cansancio,relaciones sin decepciones. Ser feliz es encontrar fuerza en el perdón,esperanza en las batallas,seguridad en el palco del miedo,amor en los desencuentros.
Ser feliz no es solo valorizar la sonrisa,sino también reflexionar sobre la tristeza. No es apenas conmemorar el éxito,sino aprender lecciones en los fracasos.
No es aprender a tener alegría con los aplausos,sino a tener alegría en el anonimato. Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida,a pesar de todos los desafíos,incomprensiones y periodos de crisis. Ser feliz no es una fatalidad del destino,sino una conquista para quien sabe viajar para adentro de su propio ser. Ser feliz es dejar de ser victimas de los problemas y volverse actor de la propia historia. Es atravesar desiertos fuera de si,mas ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito de nuestra alma. Es agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida.
Ser feliz es no tener miedo de los propios sentimientos, es saber hablar de si mismo. Es tener coraje para oír un "no". Es tener seguridad para recibir una crítica,aunque sea injusta. Es besar a los hijos,mimar a los padres,tener momentos poéticos con los amigos,aunque ellos nos hieran. Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre,alegre y simple,que vive dentro de cada uno de nosotros. Es tener madurez para decir 'me equivoqué'. Es tener la osadía para decir 'perdóname'. Es tener sensibilidad para expresar 'te necesito'.
Es tener capacidad para decir 'te amo'. Que tu vida se vuelva un jardín de oportunidades para ser feliz... Que en tus primaveras seas amante de la alegría. Que en tus inviernos seas amigo de la sabiduría.
Y que cuando te equivoques en el camino, comiences todo de nuevo, pues así serás más apasionado por la vida perfecta!
Usar las lágrimas para regar la tolerancia. Usar las pérdidas para refinar la paciencia. Usar las fallas para esculpir la serenidad. Usar el dolor para lapidar el placer. Usar los obstáculos para abrir las ventanas de la inteligencia.
Jamás desistas.... Jamás desistas de las personas que amas. Jamás desistas de ser feliz,pues la vida es un espectáculo imperdible!"


Papa Francisco

martes, 19 de enero de 2016

Dios no se detiene ante las apariencias, sino que ve con el corazón, señaló el Papa Francisco en su homilía, en la Misa matutina, en la capilla de la Casa de Santa Marta. Reflexionando sobre la primera lectura, que narra la elección del joven David como rey de Israel, el Santo Padre destacó que también en la vida de los Santos hay tentaciones y pecados, como muestra precisamente la vida de David, pero que nunca hay que usar a Dios para vencer una causa propia.
El Señor rechaza a Saúl «porque tenía el corazón cerrado, no había obedecido al Señor» y piensa elegir a otro rey, recordó el Papa, con el primer Libro de Samuel.
El Señor ve el corazón, no se detiene ante las apariencias
Una elección que se aparta de los criterios humanos, porque David era el más joven de los hijos de Jesé, era un chiquillo. Pero el Señor hace comprender al profeta Samuel que para Él las apariencias no cuentan. «El Señor ve con el corazón»:
«Nosotros, tantas veces, somos esclavos de las apariencias, esclavos de lo que parece y nos dejamos llevar por estas cosas: ‘Pero, así parece…’ Sin embargo, el Señor sabe la verdad. Como en esta historia. Pasan los siete hijos de Jesé y el Señor no elige a ninguno, los deja pasar. Samuel se siente algo incómodo y le dice al Padre: ¿ni siquiera a éste ha elegido? ¿Están aquí todos los muchachos? ‘Queda todavía el más joven, que no cuenta, que está apacentando el rebaño’. Ante los ojos de los hombres, este jovencito no cuenta».
David reconoce su pecado y pide perdón
No contaba para los hombres, pero el Señor lo elige y manda a Samuel que lo unja. Y «el Espíritu del Señor descendió sobre David». Y, desde ese día, toda la vida de David fue la vida un hombre ungido por el Señor, elegido por el Señor», reiteró el Papa Francisco, y después de preguntar: ¿entonces, el Señor lo hizo Santo?, respondió: «No, el Rey David es el Santo Rey David, es verdad, pero solo después de una vida larga» y una vida con pecados:
«Santo y pecador. Un hombre que ha sabido unir el Reino, ha sabido llevar adelante al pueblo de Israel. Pero tenía sus tentaciones… tenía sus pecados: fue también un asesino. Para encubrir su lujuria, el pecado de adulterio, mandó… mandó matar. ¡Él! El Santo Rey David mató Pero cuando Dios envió al profeta Natán para hacer ver esta realidad, porque no se había dado cuenta de la barbarie que había ordenado, reconoció ‘he pecado’ y pidió perdón»
Recordando la vida del Rey David que «nunca utilizó a Dios para vencer una causa propia» y que cuando lo insultaban, pensaba para sí mismo: me lo merezco, el Papa hizo hincapié en que «el Santo Rey David era un gran pecador, pero se arrepintió» y señaló que le conmueve la vida de este hombre, que nos ayuda a pensar en la nuestra:
«Todos nosotros hemos sido elegidos por el Señor a través del Bautismo, para estar en su pueblo, para ser Santos; hemos sido consagrados por el Señor, en este camino de la santidad. Leyendo esta vida de un niño – no, era más bien un joven – luego de joven a viejo, que hizo tantas cosas buenas y otras no tan buenas, se me ocurre pensar que en el camino cristiano, en el camino que el Señor nos ha invitado a recorrer, se me ocurre pensar que no hay ningún Santo sin pasado, y tampoco un pecador sin futuro»
Papa Francisco 

sábado, 2 de enero de 2016

Desde hace un  tiempo, se  habrán dado cuenta que me comenzaron a interesar las reflexiones de alguno sacerdotes, particularmente Frei Betto, he aquí una de ellas en relación al Año de la Misericordia:

"El teólogo Antonio Moser suele repetir que existe la Iglesia del No y la Iglesia del Sí. Yo fui catequizado por la Iglesia del No. El pecado tenía nombre: sexo. Era pecado masturbarse, apreciar el cuerpo de una mujer, tener “malos pensamientos”. 

“Dios me ve”, decía la estampita colocada en la tapa de cada escritorio del colegio marista. Incluso en los servicios sanitarios. Un dios juez, fiscal, inspector, a cuyos ojos panópticos nada se les escapaba. 

Sentado en el cielo, atusándose con la mano izquierda la larga barba blanca, con la derecha Dios anotaba cada uno de mis pecados en el gran libro de la contabilidad de los mortales, cuyas transgresiones eran castigadas con las llamas eternas del infierno. 

La Iglesia del No mostraba los diez mandamientos igual que el rótulo del veneno describe los peligros letales de su contenido. Y además de los mandamientos divinos estaban los de la Iglesia: faltar a la misa era pecado. Para los pecados mortales las profundidades del infierno; para los veniales estar siglos en el Purgatorio, donde los más abrasadores veranos se alternaban con frigidísimos inviernos. Había que purgar los pecados cometidos de este lado de la vida para un día merecer el derecho de ser llevado al cielo. 

En esta vida de constantes tropiezos por el tortuoso camino de las virtudes mi pobre alma podría ser salvada gracias a la confesión auricular, verdadera terapia sacramental. Arrodillado a los pies del confesor yo se lo contaba todo, aunque los escrúpulos fueran confundidos con pecados. En nombre de Dios el confesor preguntaba: “¿Cuántas veces?” La culpa del penitente en diálogo con la lujuria auricular del confesor. Se recibía la absolución, se rezaban algunas oraciones de penitencia y salía uno en paz. 

Pero con una deuda. Para saldarla había que hacer los nueve primeros viernes de mes o ir personalmente a Roma en un Año Santo, en que el papa concedía indulgencia plenaria. Aquí en la Tierra el papa tenía el poder de borrar lo escrito en el libro de la contabilidad divina. 

Felizmente la Acción Católica, la Teología de la Liberación, el Concilio Vaticano 2° y los papas Juan 23 y ahora Francisco me abrieron las puertas de la Iglesia del Sí. La Iglesia de la tolerancia y la misericordia de Jesús. De las sorpresas innovadoras del Espíritu Santo. Del Dios Padre y Madre que, como el padre del hijo pródigo, acoge al hijo pecador con ternura y haciendo fiesta. 

Iglesia que juzga como pecado, no el impulso sexual de la adolescencia, sino la opresión social, la discriminación racial u homofóbica, la apropiación indebida de las riquezas. 

Iglesia que prefiere las Bienaventuranzas, que señalan los caminos para la felicidad, más que los diez mandamientos. Iglesia samaritana, que deja su postura de confort para hacerse solidaria de los excluidos. Que lava los pies a los pobres. Que cuida a los enfermos. Que ama a los enemigos. 

Iglesia que sobrepasa los catálogos de leyes y de doctrinas congeladas para profesar y practicar el amor, la alegría, la compasión. Iglesia que ora, medita y se convierte en fermento en la masa. Y dice Sí a todos los valores y virtudes humanas, traigan ellos o no el marchamo de la fe cristiana. 

Iglesia que encarna a Jesús al dar pan a quien tiene hambre y libertad a quien se encuentra prisionero.