PALABRAS DE ANGELELLI
“Dios no quiere hombres resignados”
Extractado de entrevista a Enrique Angelelli en Revista Crisis
Nº 13 (1974)
Los hombres de las grandes ciudades, de la sociedad de consumo,
que todo lo manejamos por botones y definiciones perfectas
y envasadas, somos nada más que piezas de un gran engranaje.
Somos una gran sociedad anónima porque no nos distinguimos
ni nos consideramos y parecería ser ley aquello de: el hombre es
lobo para el hombre y no su hermano. Y en esa sociedad aparece
un tipo de hombre que vive medio sofisticado, no tiene paz y huye
de sí mismo; le ha perdido el rumbo y el sentido a la vida. Corre
todo el día, necesita velocidad, ruido, confort; necesita tocar botones
de distintas clases. ¿Por qué? Porque no se soporta a sí
mismo.
Y está este otro hombre, el riojano, cuya característica es el silencio.
Habla poco y mastica mucho. Es el hombre que está rumiando
las cosas, que tiene toda la riqueza de la humanidad.
No tiene dinero, por eso está marginado. No tiene voz para opinar
sobre las soluciones a los problemas de hoy; lo hemos marginado.
Es el hombre sin voz.
El dice: lo que no me van a quitar es que yo siga guardando,
alimentando, enriqueciendo eso que Dios me ha dado: la humanidad. Aquí se encuentra el hombre latinoamericano, que no se encuentra
en Buenos Aires, en Mendoza, en Córdoba, en Rosario. En la
ciudad hay demasiado ruido y no se puede encontrar el sentido a
la vida. Allí las cosas son más importantes que las personas; en
cambio aquí las personas son más importantes que las cosas.
Al hombre de pueblo tampoco hay que idealizarlo creyendo que
es perfecto. Es como nosotros, débil como la caña. Es frágil.
Pero se aplica aquello de la Biblia: “Dios es celoso de su pueblo”.
Dios cuida lo frágil para que pueda guardarse como el núcleo de
aquello que va a ser principio de ida, de liberación, de felicidad
para todo el pueblo.
Dios elige al pobre como respuesta al hombre orgulloso que se
ha endiosado y ha hecho de la técnica y de su yo los dioses que
lo guían. Entonces, ¿cuál es la gran misión de la Iglesia? Hacerse
cada vez más este pueblo frágil y al mismo tiempo darle
aquello que Dios ha entregado a la Iglesia para que ella lleve a
los hombres. Hacer que la fe madure, que la esperanza madure,
que la caridad madure, pero no aisladas de la vida, no para ser
vividas dentro de un templo, sino para que ayuden al hombre a ir
haciendo su historia; para dar una dimensión trascendente y un
sentido a las cosas.
¿Dios qué hace? Se abaja de tal manera que al encarnarse toma
la condición de marginado, toma la condición del hombre, hasta
donde fue llevado por el egoísmo; la del pobre, el marginado, el
sin voz. Porque allí va a nacer todo el proceso para que el hombre
logre su felicidad.
Y la Iglesia tiene que comprometerse. Ella no es para determinados
hombres porque se llamen pobres y a los demás se los
excluye, pero hay que recurrir a ver la óptica de Dios, el plan de
Dios y los gestos de Dios.
El hombre al que llamamos rico económicamente, rico en poder
y en influencias, no tiene paz, huye de sí mismo y ha perdido el
sentido de la vida.
No le hago un juicio moral, no digo: pecó, no pecó. Eso es otra
cosa. Pero su condición hace que otros hombres no vivan como
hermanos sino como cosas.
[…] es necesario responder con la gran respuesta del Padre y
con la gran respuesta de Cristo a todos los problemas de todos
los hombres de La Rioja. Fuimos a ver el hombre concreto de hoy
y su historia y tradición.
Y el hombre concreto de hoy es el que no tiene casa y entonces
quiere emigrar, es el que padece de Chagas, el que no le
alcanzan los pesos para vivir y el que no tiene más trabajo que el
empleo público. Es el hombre que no tiene tierra por la estructura
del minifundio y el maxifundio, el que ve que la poca agua está
mal administrada y mal repartida. Es el chico que tiene que ir a
clase haciendo kilómetros en burro, o el que no da más porque
tiene hambre. Es el porcentaje alarmante de mortalidad infantil y
de problemas de salud.
Es el hombre concreto y yo no le puedo ir a predicar la resignación.
Dios no quiere hombres resignados.
para pensar a pesar del tiempo...
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